Global Young Leaders Conference

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Anualmente, St. Martin in the Fields School ofrece a sus alumnos de secundaria la posibilidad de participar en Global Young Leaders Conference (GYLC), y representar a nuestro país y a su colegio en este importante evento internacional que se lleva a cabo en USA/Europa/China.

Los objetivos generales del programa son:

  • Preparar a los alumnos para formar parte del escenario nacional e internacional como futuros líderes.
  • Ampliar sus perspectivas y desarrollar sus cualidades de liderazgo naturales, a través del análisis y discusión de temas de relevancia global con distinguidos diplomáticos y políticos de renombre internacional.

Compartimos las experiencias de algunos de nuestros alumnos que participaron de la conferencia.

Iñaki´s GYLCexperience

GYLC fue una experiencia inolvidable y única que me abrió la mente en muchos sentidos. Al haber estado con gente de todo el mundo, aproveché para aprender lo máximo posible sobre ellos, sus culturas y sus vidas.

Me di cuenta que por más que en algunos casos se note más que en otros, la cultura es sumamente importante para todos pero que a su vez, no es una barrera para poder llegar a conocer a otras personas.

Igualmente, una de las cosas más importantes para mí fue que no sólo aprendí sobre otras culturas, sino que también aprendí sobre la mía, ya que me ayudó a poder reconocerla y valorarla mucho más que antes.

También volví con un montón de amigos de todas partes del mundo, con quienes todavía sigo en contacto. En mi grupo de amigos más cercano con el que pasaba la mayoría del tiempo, éramos cinco; una chica de Finlandia (Iida), un chico de Canadá (Jack), uno de Australia (Isaac), otra chica argentina (Candelaria) y yo. Todos nosotros representábamos a Japón en la conferencia, así que nos veíamos todo el tiempo en los Leadership Group Meetings (las clases donde pasábamos la mayoría del tiempo ya que discutíamos sobre Japón y nos preparábamos para las simulaciones de las asambleas de la ONU).

Además de los Leadership Group Meetings y las simulaciones, también nos dieron charlas muy interesantes e hicimos excursiones por las ciudades de Washington y Nueva York. En las excursiones, tuvimos la chance de conocer algunos de los lugares históricos y más importantes de aquellas ciudades. En Washington conocimos la Casa Blanca, el Smithsonian, el Capitolio, y la mayoría de los memorials. En camino a Nueva York, pasamos por la Universidad de Pennsylvania en Philadelphia. Finalmente en Nueva York, fuimos al Rockefeller Center, a Times Square, a Central Park, al MET, al edificio de la ONU y a Chinatown.

En cuanto a las charlas, hubieron sobre diferentes charlas sobre temas como “Cross-cultural relations” o “World Bank” que me hicieron reflexionar y aprender de gente muy experta sobre sus respectivos temas.

De GYLC me llevo nuevas amistades, aprendizajes y más que nada, recuerdos especiales que voy a llevar siempre conmigo.

Iñaki

Victoria´s GYLC experience

Participar en GYLC, Global Young Leaders Conference, fue una de las mejores experiencias de mi vida. Durante el programa viví momentos únicos – casi mágicos-, aprendí, conocí, adquirí nuevos conceptos e ideas, disfruté y me divertí.

Fue un viaje de diez días donde conviví con chicos de mi edad de todo el mundo y de no ser por este programa no sé si alguna vez habría podido  tener una posibilidad como esta para compartir tanto. Ellos viven en países como Egipto, Arabia Saudita, Israel, Filipinas, entre otros, con culturas y costumbres totalmente distintas a la mía.

En mi opinión creo que es de las mejores vivencias que una persona puede tener ya que me relacioné con esas diversas culturas de distintos modos. No sólo aprendí por lo que me contaban cuando charlábamos sobre sus cuestiones cotidianas sino también, por el tiempo que pasábamos juntos, por lo que veía, lo que me mostraban, lo que cantaban, la música que escuchaban. Compartimos almuerzos, cenas, desayunos y en esas oportunidades también aprendí al observar sus gustos respecto de las comidas o vestimentas. En cuanto a sus personalidades y preferencias los descubrí compartiendo clases y conviviendo en las habitaciones de los hoteles donde dormíamos además de en los constantes  intercambios de opiniones e ideas.  El intercambio cultural y la posibilidad de estar con gente de todo el mundo es lo que más me gustó y es algo que me va a quedar grabado siempre. Me enriquecí con muchos conocimientos y sobre todo entendí que existen otros estilos de vida y de pensamiento.

Además, aprender “de y sobre“ otras culturas me sirvió para valorizar aún más la mía y para conectarme conmigo. Estar sola durante ese tiempo con personas diferentes a mí, hacía que resaltara mi forma de ser, lo que me gusta, lo que no, lo que comparto, lo que no, etc. 

Pero también me pasó algo que no esperaba… a pesar de las diferencias, me sentía muy cómoda con todos, como si los conociera desde siempre, nos reíamos, hacíamos los mismos chistes y compartíamos ciertos códigos , teníamos varios gustos y temas en común, como si fuésemos todos amigos de toda la vida y creo en cierta forma que esto es posible gracias a la globalización.

Otras de las cosas que más me gustaban eran los LGM, que son las clases. Fuimos 200 participantes que para trabajar nos dividieron en grupos a los que nos asignaron  países que nos servían como punto de partida y de referencia para posicionarnos en los debates. Con los chicos del grupo asistíamos a las clases donde nos preparábamos para defender al país que nos asignaron – Francia en mi caso- en las simulaciones.

En los LGM conversábamos de temas muy interesantes y a mí me resultaba fascinante poder debatir e intercambiar pensamientos con personas que tienen un punto de vista totalmente diferente al mío porque sus orígenes son distintos.

También me encantaba cuando hablábamos de ciertos temas, por ejemplo, el genocidio armenio porque pudimos escuchar experiencias increíbles ya que algunos tenían parientes que  lo vivieron o eran sucesos que acontecieron en sus países de origen. Es maravilloso poder escuchar la opinión de gente que transitó esas experiencias ya sea por su país o por sus parientes y no lo leyeron de un libro o diario. En las clases teníamos que hacer trabajos, o escribir resoluciones y trabajar con ellos me parecía increíble porque cada uno aportaba visiones diferentes, puntos de vista que a mí nunca se me hubiesen ocurrido y yo aportaba cosas que a ellos les resultaban impresionantes porque desde su estructura de pensamiento no las podían siquiera tener en cuenta. Eso me parecía loco y divertido. También ello era otra forma de intercambio que me sorprendía y me parecía espectacular.

En el programa también asistimos a  charlas de personas muy interesantes, importantes  y prestigiosas por su formación profesional o por sus proyectos de vida como el CEO de The Thirst Project, o personas que  trabajan en la ONU o en el Banco Mundial.  Para mí fue único poder escucharlos, un placer tener esa oportunidad. Las charlas además de ser informativas tenían un fin inspirador, que te motivaba y te cambiaban la forma de pensar. Esas conferencias aparte no dejaban de lado el concepto de liderazgo que fue el eje del programa y que, desde ya, los organizadores en todo momento trataban que  incorporemos. Siento que incorporé algunos conceptos que mencionaron sobre liderazgo  a mi personalidad y que seguramente cuando tenga que desempeñar ese rol serán valiosísimos.

Además con el programa pudimos conocer lugares a los que no tienen acceso libre los turistas e hicimos actividades únicas. Por ejemplo nuestra última simulación fue en la sede de las Naciones Unidas, y debatimos exactamente como lo hacen los diplomáticos; otra oportunidad increíble fue visitar el State Deparment donde nos habló un diplomático de Estados Unidos. No  puedo dejar de mencionar que visitamos la embajada de Japón, donde no sólo nos mostraron su cultura, hablaron del país sino que nos permitieron interactuar con un robot, una mascota rarísima que verdaderamente me impresionó. Es increíble pensar que “el futuro es ya”.

También pudimos ir a algunos museos en Washington y en Nueva York, y recorrer algunos lugares como el National Mall, en DC, o Times Square , en NY, donde resultó genial poder disfrutar el momento con todos los amigos que te ibas haciendo… eso era único. La última noche como despedida, tuvimos una fiesta en un crucero que navegaba frente a la estatua de la libertad. Cenamos y después bailamos;  se hicieron tandas con música de las distintas partes del mundo, Europa, de Asia, de América, donde vimos bailar cada ritmo como se hace verdaderamente en los países de los chicos que allí estábamos. Fue una noche inolvidable, una de las mejores despedidas.

Para mí esos días en Estados Unidos fueron todo un desafío, ya que viajé sola. Tuve que resolver muchísimos problemas durante mis trayectos en los  aviones, que me hicieron crecer porque tuve que arreglarme y organizar todo  en los aeropuertos, sin contar con asistencia de nadie.

Siento que algo cambió en mí, en mi forma de pensar y de sentir el mundo. Haber podido tener contacto con gente de varios continentes me hizo entender de verdad lo que es el mundo, y la diversidad que existe. Disfruté de otros pensamientos y las perspectivas de otras personas. El respeto, la tolerancia y la comprensión se convirtieron en herramientas indispensables que ya tenía pero que entendí que deben ser las que sí o sí estén en todas las relaciones humanas.

Victoria